sábado, 23 de febrero de 2008

Memorias de un Náufrago

Capítulo I: El cuadro


Hoy he comprado un cuadro, no sé porqué, no soy aficionado al arte, pero aquel hombre me hipnotizó con su mirada y no pude evitar acercarme.
Era un personaje bastante curioso, barba abundante y canosa, gafas redondas y pequeñas, vestía de forma muy peculiar, parecía algún espadachín a sueldo salido de la imaginación de Pérez Reverte mezclado con un lúcido Quijote…

- Hola Náufrago, tengo algo para ti.

Me quedé sorprendido, ¿cómo aquel extraño vendedor ambulante sabía mi nombre?, pero no mi nombre sino mi pseudónimo, es decir, sabía quién era, aunque no quién era para los demás sino quién era para mí mismo.

- No te preocupes no soy de la CIA ni del servicio secreto, - una leve sonrisa se dibujó en aquel rostro semioculto - dejémoslo en que soy un viejo amigo.

Yo seguía sin salir de mi asombro e intentaba escrutar aquel rostro oscurecido por la sombra de un sombrero de ala ancha. Tras fracasar en mi intento por descubrir quién era aquel anónimo personaje me atreví a hablar:

- ¿Quién eres?
- Ya te lo he dicho, ¿es que no escuchas? Soy un viejo amigo.
- Viejo sí, pero amigo…no sé. No recuerdo haberte visto nunca.
- ¡Jaja!, no soy tan viejo como parece pequeño aprendiz. Y respecto a lo de haberme visto, pues quizá no lo hayas hecho, pero porque no has querido.
¡Pero bueno! Vamos a lo que vamos…tengo algo para ti.
- ¿Qué es?
- Un cuadro.
- ¿Un cuadro?
- Sí un cuadro – rebuscó entre sus cosas y sacó un lienzo de unos 40cm de largo y 30 de alto - Toma cógelo, es tuyo.

Receloso, aunque picado por la curiosidad, lo agarré y lo observé atento. Quedé absorto hasta que la voz de “mi amigo” me sacó de mi abstracción:

- Verás que es un paisaje vacío, pero no te preocupes se irá completando con el tiempo.
- Yo no sé dibujar – le dije sin levantar la mirada de mi cuadro.
- En ningún momento te he dicho que tengas que saber dibujar, ni tienes que aprender, mas tu cuadro se irá completando, ya lo verás.

De repente comenzó a llover y raudo resguardé mi cuadro como pude en mi mochila. Cuando alcé la mirada mi “viejo amigo” se había esfumado, debía de correr como un condenado porque no llegué a ver cómo se alejaba por alguno de los extremos de la calle.

Qué extraño personaje…la verdad es que estas cosas sólo me suceden a mí, creo que tengo una especie de imán que atrae a los locos, pero locos extraños si es que eso existiera.

No llevo paraguas, pero no me importa, me gusta que me llueva. Me gusta sentir las gotas recorrer mi rostro hasta que deciden suicidarse y lanzarse al vació para estallar en racimo.
No paró de llover en todo el camino, es más diría que conforme me iba acercando a mi casa más intensa se hacía la lluvia.
Los paraguas son una mierda, siempre termino rompiéndolos o perdiéndolos por algún lugar, además siempre que lo llevo no llueve o llueve con viento, lo que lo hace inútil y cuando lo dejo en casa siempre me llueve, pero en fin qué más da, si me gusta mojarme.

A los veinte minutos caminando bajo la lluvia llegué a mi casa, saqué las llaves, abrí la puerta, me descolgué la mochila, me quité el abrigo empapado y saqué mi cuadro. Seguía vacío, un paisaje con no más que árboles, montañas y nubes; podría decirse que es el típico paisaje que imagina un niño cuando se le manda que dibuje uno.

Subí las escaleras y entré en mi cuarto, silencioso y oscuro. Encendí la luz y rápidamente supe donde iba a colgar mi cuadro, así que sin darle más vueltas fui a por las herramientas necesarias e hice un par de agujeros en la pared, encajé dos alcayatas…et voila!


Devolví las herramientas a su sitio y cuando entré de nuevo en mi cuarto vi que había algo nuevo en mi cuadro. Pensé que era una mancha, pero conforme me iba acercando me daba cuenta de que era una figura humana, como una sombra sin rostro definido, no sabría decir si era hombre o mujer.
Allí estaba de pie, como observándome desde la oscuridad, una figura solitaria en mitad de aquel paisaje…


domingo, 17 de febrero de 2008

Poema para Julia


Este poema está dedicado a una mujer que cruzó el océano para volar hacia su sueño...

Lejos
Lejos, muy lejos
ella camina sobre las nubes
y la tormenta se despeja
bajo sus pies de hada.

Lejos, muy lejos
una mujer mira al cielo
y llueve tan dulce
que las flores son de caramelo.

Lejos, tan lejos
como sus sueños la llevaron,
una mujer parte henchida
de ideales y amor.

Lejos, tan lejos
donde se respira revolución,
un guerrillero se arrodilla
eclipsado ante su presencia.

Tan lejos y tan cerca,
un corazón en dos mitades.
Una se quedó en Granada,
la otra cruzó los mares.

Tan lejos y tan cerca,
que beso su foto
y ella sonríe en la distancia.
Que susurro a su almohada
y ella sueña que está en casa.

Lejos, muy lejos,
Tan lejos, pero tan cerca
que huelo a ella
por el último abrazo que le di.

martes, 12 de febrero de 2008

Aute y Silvio Rodríguez

Después del club de los poetas muertos, dos poetas tan vivos como su música se unen para crear la magia con dos voces y una guitarra...no podréis negar que se cuela Dentro del alma...

domingo, 10 de febrero de 2008

El club de los poetas muertos

Naufraguitas y naufraguitos, hoy os dejo una secuencia de una de mis películas favoritas, El club de los poetas muertos, de nuevo una imagen vale más que mil palabras...

Sólo deciros una cosa, no tengáis miedo a nadar contracorriente...

jueves, 7 de febrero de 2008

Carta de un Náufrago

Este vídeo está dedicado a la nueva isla de pensamiento que ha surgido con un Poeta Despierto en sus costas.

Porque no hay mejor sitio que una isla desierta...

martes, 5 de febrero de 2008

Sólo veo un Bosque

Naufraguitos y naufraguitas, hoy os dejo una poesía de mi propia composición.
Sólo decir que todos alguna vez nos hemos visto perdidos en la inmesidad sin tener un rumbo que seguir, cogidos de la mano de la esperanza hasta que la soledad nos encuentra y nos susurra la verdad...
La luna refleja tu rostro,
el viento trae tu aroma,
el sol me da tu calor,
el agua susurra tu nombre.
Pero observo a mi alrededor
y sólo veo un bosque,
donde los árboles
me recuerdan tu figura,
donde los pájaros
trinan con tu voz.
Miro al cielo y veo nubes
que toman la forma
de tu viva sonrisa.
Cuando están tristes, lloran
y llueven lágrimas
con sabor a ti.
Pero observo a mi alrededor
y sólo veo un bosque,
donde los árboles
dan frutos carnosos y oscuros
tan dulces como tus labios.
Donde la noche
abriga como tus abrazos
y las estrellas
son tus pupilas dilatadas
que me observan suspirando.
Pero observo a mi alrededor
y sólo veo un bosque,
donde un día te seguí,
donde un día me perdí.