lunes, 25 de mayo de 2009

En sus manos...


Silueta de mujer

Es esa mujer
que sólo se deja tocar
por unos dedos prodigiosos.
Que embriaga con su silueta
de seis sonidos infinitos.
Esa mujer
que necesita el contacto del amor
para ser escuchada.
Que te atrapa en su oscuro agujero
donde resuenan placeres y sueños.
Es ella,
la de madera moldeada
por la destreza del tiempo.
La de clavijas doradas
que afinan su recuerdo.
Es esa mujer
creadora de belleza y sentimiento.
Ninfa de suave tacto,
anchas caderas, sonido perfecto.
Esa mujer
que sólo canta
cuando descansa en tu regazo.
Es ella
la de quejíos al viento,
nostalgia y melancolía,
rasgada de sufrimiento.
La que enamora sin palabras,
con acordes lentos,
bailando sobre las cuerdas
con equilibrio perfecto.
Esa mujer pura, clásica,
mujer del pueblo.



sábado, 23 de mayo de 2009

Agradecimiento

Me veo claramente

Me veo claramente
reflejado en sus espejos del alma,
rodeado por la percusión de su alegría.
Me veo imbuido por la magia
de la música, la pintura y la poesía.
Me veo claramente
proyectado sobre fondo blanco.
Me veo arriba,
y claramente abajo.


Me veo en la voz
de la poetisa y su lírica.
Me veo en el sonido
del músico y su guitarra.
Me veo en la luz
del escenario.
Me veo claramente
tranquilo, sin prisa.
Me veo arriba,
y claramente abajo,
donde comienza el camino del arte
y su fuerza crítica.





domingo, 17 de mayo de 2009

Sueños de una noche de primavera


La inmortalidad de lo perecedero

Era un hombre entregado a la noche,
iluminado por hogueras que prenden sin fuego,
inundado por agua dulce del mar.

Era un hombre de espíritu joven,
con canas blancas y grises, de nube y tempestad;
hombre curtido, bañado en lágrimas sucias,
gotas de sangre, de sacrificio.
Sacrificio a dioses sin altar, sin templo,
sin castigos ni premios, sin cielo y sin averno.

Era un hombre despierto entre sombras,
desatado y sin cadenas, sin caverna;
deseando poder ver más allá,
deseando beber néctar de ambrosía.
Hombre de ideales, hombre libre,
hombre de la tierra y su mortalidad.

Era un hombre entregado a la luna,
iluminado por sueños que nacen sin miedo,
inundado por la plenitud de la inmortalidad,
inmortalidad de lo perecedero.