martes, 24 de agosto de 2010

De isla a isla

Un nuevo camino se dibuja bajo mis pasos y ha llegado el momento de recorrer la siguiente etapa de esta aventura que llamamos vida.
Dejo familia, amigos, mi ciudad, recuerdos; pero sobre todo dejo una parte de mi alma que siempre permanecerá en la tierra y las gentes que me vieron nacer y crecer. A todos ellos decirles que en mi corazón y mi memoria tienen su hueco.
No tengo nada más que decir, pues las buenas historias las traeré a mi regreso.








"Yo, ya no soy yo. Por lo menos no soy el mismo yo interior."

miércoles, 7 de julio de 2010

No quiero decir adiós

El Castigo de los Dioses

Sé que mi silencio ha sido demasiado largo,
que la distancia no era terrenal.
Sé que no merezco tus abrazos
y aun así no cejaré en reclamarlos.
Sé que mis noches arden por tu mirada,
que tu voz reverbera en las paredes de mi cárcel.
Sé que la tormenta nunca acaba
y aun así no me quejaré por empaparme.

Empujaré esta roca de castigo una y otra vez
hasta los confines elevados de la montaña,
y cuando la luz del sol bañe mi rostro,
cuando esté convencido de poder descansar
descubriré que la batalla he perdido,
tendré que volver a empezar.
Empezar encadenado a la fría piedra y al metal,
esperando la llegada del ave rapaz,
esa que arrancará algo de mí, de mi esperanza
y que jamás podré recuperar.













martes, 15 de junio de 2010

Tormenta de verano...



Al igual que la tormenta azota las calles con látigos de luz y tambores de guerra, en mi interior estalla el sudor de las nubes contra la frágil estructura de cristal que protege mi alma cansada y húmeda.
Son ya muchas las grietas que dejan correr los vientos fríos congelando las espinas que rodean a mi corazón de musgo y piedra, vientos sin piedad hechos para erosionar hasta las montañas más altas y a las rocas más fieras.
De nada sirve intentar escapar, huir de lo invisible es como correr bajo el agua, huir de lo invisible es correr hacia la nada; es luchar contra tu propia sombra al atardecer.
Llega la noche y la ensordecedora batalla no termina. Salpica la sangre, restallan los aceros de luz, gritan las voces rendidas, silencio en el rostro de la derrota y las grietas se convierten en hendiduras horrorosas.
El caos se apodera de mí y el pensamiento se transfigura en enjambre tedioso imposible de gobernar. Es imposible volar bajo una lluvia de plomo que poco a poco va calando de un piso a otro.
No tengo miedo a mojarme, lo que me asusta es no volver a secarme jamás, pudrirme como la madera a la deriva que flota sin un rumbo y sin ideales que la dirijan. Caer en el vacío de la anomia infinita.



miércoles, 9 de junio de 2010

Siguiendo la estela del Faro...



Vencedor y vencido

Se desgarran los papeles
de mi propia historia viva
y el tiempo
rompe su línea continua
dejando así escapar
las quimeras de antaño
y las venideras
que atacan sin clemencia
mi presente de quebranto
desgajado por la realidad mortecina.

El viento raja mi cara,
que ya no es rostro
ni es nada,
sólo niebla sin nombre,
pretéritas volutas grises
que forman la sombra
de una mentira
descarada y falaz.

Las noctámbulas heridas
que pasean irrisorias
me señalan como al reo
al que sólo le queda
una Luna para soñar.
Ya está escrita la historia
y a veces,
lo que está por llegar.

Cruel destino engañoso,
creas la falsa ilusión
de la infame desesperanza,
runas grabadas a fuego
en mi propia piel
que cuentan leyendas mordaces,
mitos que han de volver.

¿Quién se opone a lo escrito?
¿Quién se opone al destino?
Vencedor o vencido
qué más da
si uno muere con el pecho henchido,
en pie,
sabiendo que no se ha rendido,
que los falaces cuentos
son para los niños perdidos
sin gloria ni un camino.

Qué más da ganar o perder
cuando el juez
es un perro amaestrado
que ladra
a quien ladra su amo,
la mano invisible,
el horror inquisitivo.

No me importa
la victoria o la derrota,
ser vencedor o vencido.
No me importa el destino,
lo importante es sangrar
sin ser sometido,
dolor del guerrero,
sangre del estoicismo.

Qué más da ganar o perder
si uno muere con el pecho henchido,
en pie,
sabiendo que no se ha rendido.





martes, 1 de junio de 2010

El Club de los Poetas muertos II

"A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo"



"Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso"

Creo que no puedo añadir nada más...

domingo, 23 de mayo de 2010

Por una simple imagen...

Estoico dolor

Algo se ha roto en mil pedazos dentro de mí,
no sé cuándo ni cómo,
pero es ahora
que siento los cristales estallar.
Uno tras otro
se precipitan en el lago
donde guardo todas mis penas,
lágrimas saladas de agua dulce
que amargan el silencio,
ese silencio imposible de uno mismo
cuando está con nadie.

¿Qué hacer cuando un corazón de piedra se quiebra
y vuelve a sangrar lava incandescente?
¿Qué hacer cuando el aliento
se convierte en un resuello entrecortado?
¿Qué hacer cuando el alma es un seísmo
que hace temblar toda tu piel, todo mi ser?

Algo se ha roto en mil pedazos dentro de mí,
no sé cómo ni cuándo,
pero es ahora
que siento los cristales estallar.
Uno tras otro
explosionan y me empujan,
me arrastran inevitablemente
hacia ese abismo sin explorar,
oscuridad dormida que comienza a despertar,
cada vez más lúcida,
cada vez más dolorida,
como realidades inconexas
que se mezclan en el recuerdo
para evocar batallas perdidas.

¿Qué hacer cuando los sueños son igual que la vigilia?,
vigilia tormentosa y repleta de espinas.
¿Qué hacer cuando las rosas sangran y se marchitan
entre unas manos de ponzoña y ruina?
¿Qué hacer cuando los pétalos se deshacen como el barro?,
frente a mí, frente a mis años, frente a mi vida.
Qué hacer si el amor es una quimera enloquecida
que rompe algo en mil pedazos,
no sé cómo ni cuándo,
pero es ahora que siento estallar los cristales
de espejismos y recuerdos olvidados.




miércoles, 19 de mayo de 2010

lunes, 10 de mayo de 2010

Memorias de un Náufrago

Capítulo 4 – Amante de la Lluvia

Han pasado ya dos días y continúa lloviendo a pesar de la primavera. No paro de pensar en la mujer del bar, en la noche que compartimos creyendo conocernos siendo completos desconocidos, noche dulce, apasionada, irreal en todos los sentidos porque lo idílico solamente existe en la poesía.

Aquello apenas tenía sentido, era como una realidad mal soñada, como una incoherencia inevitable de las que nunca llegas a comprender y sin embargo se repite una y otra vez cual eterno retorno nihilista. Y aquí sigo yo, esperando a que lluevan del cielo respuestas, dejando pasar el tiempo sin pena ni gloria mientras las sucesivas copas de ron nublan mis sentidos y despiertan mi imaginación bohemia.
Noche tras noche siempre visito el mismo bar, aquel en el que la encontré a Ella, aquel en el que Ella me encontró a mí, ese mí que nadie conoce excepto mi yo más profundo. Me siento en el mismo taburete, me apoyo en la misma barra y pido siempre el mismo brebaje para ahogar las penas. Lo bebo de forma ausente como si no hubiera nadie a mí alrededor, esperando como un estúpido por si volviera a cruzar la mirada con aquellos ojos inocentes de ternura casi infantil, aquellos ojos hipnóticos y profundos que guardaban océanos de misterios y mares de dudas.

Creo que ya es hora de que me marche de este bar, así que dejo el dinero en la barra, me enfundo en mi chupa y salgo a la calle para que las gotas de lluvia acaricien mi rostro cansado y dejen surcos de nostalgia. Camino con las manos en los bolsillos mirándome los pies para crear la sensación de ir solo por las calles de una ciudad vacía y gris fiel reflejo de mis sentimientos; cada cual dibuja la ciudad con la paleta de colores que porta su alma. Y hablando de colores, ¿qué habrá sido de mi cuadro?, he estado tan perdido intentando encontrarla a Ella que lo he olvidado por completo. Quizás encierre alguna pista, quizás sepa darme respuestas.
Acelero el paso impaciente por ver si se ha producido algún cambio en ese lienzo que me regaló aquel extraño hombre, aligero el paso empujado por la curiosidad de ver si tengo algo a lo que agarrarme para seguir adelante.

Por fin llego a mi casa, saco las llaves con manos temblorosas y abro la puerta, entro y subo las escaleras impaciente y antes de entrar en mi cuarto me detengo un instante, respiro hondo y saboreo el rocío que se ha formado en mi bigote. Abro la puerta, entro, me introduzco en la penumbra acogedora de los días nublados y observo como las lágrimas de las nubes azotan los cristales de la ventana buscando un punto débil para poder entrar; giro la vista y ahí está mi cuadro, las manos me tiemblan y el corazón parece entrar en una especie de trance frenético siguiendo el ritmo de unos tambores tribales que golpean mi pecho de forma violenta. De repente me quedo paralizado, me asaltan las dudas, me envuelven los miedos dando fuerza a mis más temidos fantasmas. Cierro los ojos y me acerco al cuadro, ordeno mis pensamientos, espanto a los malos espíritus a golpes de esperanza y me preparo…sea lo que sea necesito verlo, necesito ver qué encierra mi cuadro, necesito respuestas.
Abro los ojos y me enfrento cara a cara con la Verdad, con mi verdad. Me concentro y observo paciente el lienzo: la isla, la sombra bajo el árbol y…y Ella, una sombra que se antoja femenina con su larga melena al viento. Noto que me mira desde un halo de penumbra que envuelve la circunstancia, me mira serena y tranquila como si quisiera decirme algo, me acerco más y escucho algo…”Estabas buscando en el lugar equivocado, siempre he estado aquí, esperando. Sabes que soy amante de la lluvia como tú Náufrago”.

Todas esas palabras salidas de la nada se agolpan en mi mente y me golpean como las aguas de un río contra una presa. Es entonces cuando comienzo a comprender, ahora soy consciente de que mi cuadro es realmente algo más que un simple lienzo enmarcado, ahora comprendo y sé que mi cuadro es realmente mi subconsciente que dibuja aquello que anhelo, aquello que no se puede expresar con palabras, aquello que necesita una paleta de colores, colores del alma.

domingo, 2 de mayo de 2010

Noches de Bohemia...

La Noche eterna

A veces sobran las palabras,
a veces sólo hace falta música,
a veces es necesaria la huida
para poder encontrar
aquella esencia perdida.
Huida hacia lugar incierto
tan certero como la materia física,
encontrar algo más
que piedras de arena suicida.

A veces, sólo a veces,
la noche no termina,
la Luna batalla con el Sol
para mantener
a las estrellas encendidas,
que somos jóvenes y hermosos,
que la guerra no está perdida
y el olvido es un aliado
de dudosas manos limpias.

A veces, cuando miro al cielo
creo ver señales divinas,
¡vive!, me recriminan,
y es que a veces el flujo del tiempo
me empuja por caminos sin salida,
surcos de vida vespertina.

A veces las palabras
necesitan melodía,
crear algo nuevo
de antiguas poesías
a las que les faltaban versos
y les sobraban mentiras,
incertidumbres por mis errores,
por mis tropiezos en la vida.

A veces un destello de Luna
rompe la cruel opacidad
oscura y sombría,
nuevos colores se revelan
y completan un lienzo en verso
que me da fuerzas para abrir
aquella ventana perdida.

A veces, sólo a veces,
sé quien soy
y me reconozco en ti,
tú que te reflejas
cuando yo me miro al espejo
y sonrío al reconocer
al hombre circunflejo
de mirada ausente pero fija.





lunes, 26 de abril de 2010

Tras un largo silencio...

Arder

Todo arde a mí alrededor,
imparable, inevitable,
fugaz como la chispa
que prende un alma incombustible
y sin embargo sucumbe
a las caricias del fuego,
llamas que lamen la inconsciencia
del locuaz novicio nuevo.

Todo arde y me atrapa,
imparable, irremediable.
Pretéritas ilusiones incandescentes
crepitan en la mente
horadando la realidad,
la falsa realidad de los dementes
sin más locura que soñar
con su verdad constantemente.

Acaece el final y todo arde,
irremediable, inevitable,
ya no importa la dimensión del tiempo,
es hora de atravesar las brasas,
las cenizas privativas del infierno,
arrancar los dardos del escarnio
más ardientes que el propio fuego,
liberando así el alma del estático remiendo.

Todo arde y termina,
inevitable,
irremediable como el caos
e imparable como el orden.
Todo arde,
todo es ceniza.





viernes, 12 de marzo de 2010

Compañera Soledad II


Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se obscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada».

Antonio Machado, Soledades XI.

martes, 2 de marzo de 2010

Aquel invierno

Aquel invierno no fue distinto, desde hace tiempo todos los inviernos regaban las tristezas de aquel hombre taciturno de caminar solitario.
Aquel invierno fue otro invierno homicida en blanco y negro como una película nueva que busca lo antiguo.
Aquel invierno no cambió nada porque todo había desaparecido y no quedaban capítulos que revisar.
Aquel invierno sería el último para aquel hombre que pretendía no dejar nada atrás, arrepentido como el asesino que llora después de mancharse las manos de sangre y no le queda más remedio que huir lejos donde no lo conoce nadie.
Aquel invierno se alargaría hasta la primavera e incluso se atrevería con parte del verano, dejando al otoño envejecer para nacer una vez más en el mismo invierno que nunca se llegó a alejar.
Aquel invierno, sin duda, fui objeto de mi propia queja que reclamaba una sonrisa colapsada por la incertidumbre del rompecabezas que configuraba mi vida.



Estas palabras son tuyas también compañero...

miércoles, 20 de enero de 2010

Fado...

Desequilibrio Natural

Hoy es primavera
a pesar del invierno,
y las hojas muertas
que viven en el suelo
reverdecen
con el baile del viento.

Quisiera ser un árbol
para renacer una y otra vez
desde el esplendor al esperpento
tras cada estación de vejez.
Y así, colmado de sabiduría,
revivir la pasión y la euforia
del frágil inexperto
que todo lo cree saber.

Cuántos frutos han caído,
cuántas semillas se han podrido
buscando el placer,
sabia inútil de la vida
que muere sin mujer.
Cuántos nidos vacíos,
cuántos pájaros han huido
de mi recio comprender,
soledad inmortal
que recubre mis días
como la corteza a mi piel.

Hoy es primavera
a pesar del invierno,
y sin embargo
el frío no abandona
a este sauce taciturno
que se mece
con el viento.



miércoles, 6 de enero de 2010

Nuevo comienzo...






Hijos de Gaia

La materia primigenia
fue el amor,
una explosión de lechosa lava
y esferas de vida.
Por separado,
sólo fervor y sangre.
Unidos,
un avatar por reencarnar,
de huesos, alma, espíritu y carne.

Después del amor, la belleza.
Cualidad ciega
con sabor de nostálgica inocencia,
eclosiona con alba tristeza,
magnificencia marchita su entereza.

De la belleza, la envidia.
Proporción altiva
de simétrica vanidad
convertida en relleno del vacío
que todo lo llena.

Del amor, compasión,
odio, resentimiento y pena;
perdón, rabia contenida,
justicia, paz y guerra.
Todos hijos e hijas
de la misma madre,
de la misma
materia primigenia.