lunes, 26 de abril de 2010

Tras un largo silencio...

Arder

Todo arde a mí alrededor,
imparable, inevitable,
fugaz como la chispa
que prende un alma incombustible
y sin embargo sucumbe
a las caricias del fuego,
llamas que lamen la inconsciencia
del locuaz novicio nuevo.

Todo arde y me atrapa,
imparable, irremediable.
Pretéritas ilusiones incandescentes
crepitan en la mente
horadando la realidad,
la falsa realidad de los dementes
sin más locura que soñar
con su verdad constantemente.

Acaece el final y todo arde,
irremediable, inevitable,
ya no importa la dimensión del tiempo,
es hora de atravesar las brasas,
las cenizas privativas del infierno,
arrancar los dardos del escarnio
más ardientes que el propio fuego,
liberando así el alma del estático remiendo.

Todo arde y termina,
inevitable,
irremediable como el caos
e imparable como el orden.
Todo arde,
todo es ceniza.