martes, 15 de junio de 2010

Tormenta de verano...



Al igual que la tormenta azota las calles con látigos de luz y tambores de guerra, en mi interior estalla el sudor de las nubes contra la frágil estructura de cristal que protege mi alma cansada y húmeda.
Son ya muchas las grietas que dejan correr los vientos fríos congelando las espinas que rodean a mi corazón de musgo y piedra, vientos sin piedad hechos para erosionar hasta las montañas más altas y a las rocas más fieras.
De nada sirve intentar escapar, huir de lo invisible es como correr bajo el agua, huir de lo invisible es correr hacia la nada; es luchar contra tu propia sombra al atardecer.
Llega la noche y la ensordecedora batalla no termina. Salpica la sangre, restallan los aceros de luz, gritan las voces rendidas, silencio en el rostro de la derrota y las grietas se convierten en hendiduras horrorosas.
El caos se apodera de mí y el pensamiento se transfigura en enjambre tedioso imposible de gobernar. Es imposible volar bajo una lluvia de plomo que poco a poco va calando de un piso a otro.
No tengo miedo a mojarme, lo que me asusta es no volver a secarme jamás, pudrirme como la madera a la deriva que flota sin un rumbo y sin ideales que la dirijan. Caer en el vacío de la anomia infinita.



miércoles, 9 de junio de 2010

Siguiendo la estela del Faro...



Vencedor y vencido

Se desgarran los papeles
de mi propia historia viva
y el tiempo
rompe su línea continua
dejando así escapar
las quimeras de antaño
y las venideras
que atacan sin clemencia
mi presente de quebranto
desgajado por la realidad mortecina.

El viento raja mi cara,
que ya no es rostro
ni es nada,
sólo niebla sin nombre,
pretéritas volutas grises
que forman la sombra
de una mentira
descarada y falaz.

Las noctámbulas heridas
que pasean irrisorias
me señalan como al reo
al que sólo le queda
una Luna para soñar.
Ya está escrita la historia
y a veces,
lo que está por llegar.

Cruel destino engañoso,
creas la falsa ilusión
de la infame desesperanza,
runas grabadas a fuego
en mi propia piel
que cuentan leyendas mordaces,
mitos que han de volver.

¿Quién se opone a lo escrito?
¿Quién se opone al destino?
Vencedor o vencido
qué más da
si uno muere con el pecho henchido,
en pie,
sabiendo que no se ha rendido,
que los falaces cuentos
son para los niños perdidos
sin gloria ni un camino.

Qué más da ganar o perder
cuando el juez
es un perro amaestrado
que ladra
a quien ladra su amo,
la mano invisible,
el horror inquisitivo.

No me importa
la victoria o la derrota,
ser vencedor o vencido.
No me importa el destino,
lo importante es sangrar
sin ser sometido,
dolor del guerrero,
sangre del estoicismo.

Qué más da ganar o perder
si uno muere con el pecho henchido,
en pie,
sabiendo que no se ha rendido.





martes, 1 de junio de 2010

El Club de los Poetas muertos II

"A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo"



"Que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso"

Creo que no puedo añadir nada más...