martes, 28 de febrero de 2012

Desamor desgarrado VI: Rosas

Mendigo

Mendigar un beso
es como rebuscar en la basura:
sólo encuentras lo que otros
no quisieron y te conformas
con los desperdicios.

Mendigar pasión
es pedir sexo vació,
un placer inocuo
que suplica sentimiento
diluido hace tiempo.

Mendigar una caricia
es como tocar la roca inerte,
fría erosión de lágrimas inermes
y de suspiros que soplan
donde habita el olvido.

Mendigar una mirada
es como regalar rosas cortadas,
su belleza sólo perdura
un instante, hasta que tomas
conciencia de su decadencia.

Mendigar amor
es perderse en el laberinto
de tus propias ilusiones,
es vaciar una botella y
mezclar verdades con sueños,
es huir de la realidad
que golpea tu pecho.

Mendigar amor,
es morir por dentro.


viernes, 10 de febrero de 2012

Desamor desgarrado V: El tiempo pasa

De una forma u otra todo termina. Pasan los años, los días, las horas; pasan los segundos fugaces como estrellas, pasan las miradas, las caricias y los besos. Pasan los recuerdos que envenenan mi estanque de aguas cristalinas para el que ya no existe depuración alguna. Pasan el rencor y el dolor. Pasan las imágenes pasadas como a cámara lenta y se van guardando poco a poco en ese cajón sin fondo que alberga mis decepciones más oscuras.


Me coso la herida sobre una cicatriz antigua y aprieto bien el nudo para que tarde mucho en volver a abrirse, mientras me recreo en la impotencia del observador que todo lo ve desde fuera y va formando el puzle hasta unir todas las piezas. Es entonces cuando me pierdo en un laberinto de falsas nostalgias, de cristales rotos y espejos quebrados. Es entonces cuando torrentes de agua salada buscan una salida y se derraman sobre la virginidad de áureos pliegos.

El tiempo pasa y el olvido juega a curar las heridas dejando reminiscencias de lo que fue y no es, de lo que pudo haber sido y no fue por la intromisión de las falacias y su mezquino triscar. 
De una manera u otra todo acaba para dar paso a nuevas formas de vida: se desangra una flor y nace el perdón, arde una ilusión y de sus cenizas nace un sueño, muere un corazón y nace un verso de un suspiro entrecortado cómplice de la soledad.