Han pasado ya dos días y continúa lloviendo a pesar de la primavera. No paro de pensar en la mujer del bar, en la noche que compartimos creyendo conocernos siendo completos desconocidos, noche dulce, apasionada, irreal en todos los sentidos porque lo idílico solamente existe en la poesía.

Noche tras noche siempre visito el mismo bar, aquel en el que la encontré a Ella, aquel en el que Ella me encontró a mí, ese mí que nadie conoce excepto mi yo más profundo. Me siento en el mismo taburete, me apoyo en la misma barra y pido siempre el mismo brebaje para ahogar las penas. Lo bebo de forma ausente como si no hubiera nadie a mí alrededor, esperando como un estúpido por si volviera a cruzar la mirada con aquellos ojos inocentes de ternura casi infantil, aquellos ojos hipnóticos y profundos que guardaban océanos de misterios y mares de dudas.
Acelero el paso impaciente por ver si se ha producido algún cambio en ese lienzo que me regaló aquel extraño hombre, aligero el paso empujado por la curiosidad de ver si tengo algo a lo que agarrarme para seguir adelante.
y ahí está mi cuadro, las manos me tiemblan y el corazón parece entrar en una especie de trance frenético siguiendo el ritmo de unos tambores tribales que golpean mi pecho de forma violenta. De repente me quedo paralizado, me asaltan las dudas, me envuelven los miedos dando fuerza a mis más temidos fantasmas. Cierro los ojos y me acerco al cuadro, ordeno mis pensamientos, espanto a los malos espíritus a golpes de esperanza y me preparo…sea lo que sea necesito verlo, necesito ver qué encierra mi cuadro, necesito respuestas.Abro los ojos y me enfrento cara a cara con la Verdad, con mi verdad. Me concentro y observo paciente el lienzo: la isla, la sombra bajo el árbol y…y Ella, una sombra que se antoja femenina con su larga melena al viento. Noto que me mira desde un halo de penumbra que envuelve la circunstancia, me mira serena y tranquila como si quisiera decirme algo, me acerco más y escucho algo…”Estabas buscando en el lugar equivocado, siempre he estado aquí, esperando. Sabes que soy amante de la lluvia como tú Náufrago”.














