viernes, 29 de agosto de 2008

Relatos de un Guerrero

Capítulo 2: Despertar


Luz...Huele a tierra mojada...Susurra el viento...
No puedo moverme, estoy en una cama dura y fría rodeado de tenue oscuridad.
Un rayo de luz...Es por la mañana, los pájaros trinan y la luz es débil. Está amaneciendo, puedo sentir la brisa en mi cara. Las paredes son de madera y el aire se filtra entre las angostas ranuras.
Huele a tierra mojada...
Me incorporo con dificultad y vislumbro las gotas del rocío que invaden la ventana. La luz se hace más intensa...
Tengo frío...
La madera se resiente bajo mis pies, parece como si la casa hablara pero sólo cruje. Me duele la cabeza, me invade cierta sensación de embriaguez; me tambaleo como una piñata golpeada por alegres chiquillos.
Tengo frío...
Un simple camisón cubre mi cuerpo, voy descalzo. Abro la puerta, luz...Ante mí un inmenso prado verde, sólo verde. A lo lejos bosque, un mar de árboles frondosos y enormes.
Huele a tierra mojada...
Silencio...Únicamente se oye el crepitar de los árboles y el silbar del viento.
Tengo frío...
Una figura. En mitad del océano verde una figura, delicada, de largos cabellos oscuros. Huye. Corre hacia el bosque, pero no penetra en él. Se para y me observa, quiere que la siga. Me enfundo en una cota de cuero negro y me coloco el gabán de idéntico color, botas negras y guantes negros. Llevo la testa oculta bajo una capucha.
Ya no siento frío...
Cojo mi espada y me la coloco a la espalda de forma que la empuñadura sobresale por mi hombro derecho.
Me está llamando...no habla, pero me está llamando...
Huele a tierra mojada...

Comienzo a caminar en dirección al bosque. Ella está posada sobre la hierba, protegida por dos enormes árboles. Inmóvil, me observa fijamente, atrayéndome con sus profundos ojos.
Una melodía invade mi mente y hace aflorar sentimientos que ni siquiera sabía que existían. Es curioso, sus labios carnosos no se despegan, pero aún así yo la oigo. Intento entender la canción, mas es una lengua desconocida para mí.
Suena bien…
Intento detenerme aunque no lo consigo, mis pies se deslizan sobre un manto verde salpicado de colores. Estoy cada vez más cerca y ella sigue en pie, inmóvil con su mirada fija en mí como si de una estatua, esculpida con sumo cuidado, se tratara.
De repente rompe su quietud y su delicada mano se adelanta invitándome a que sostenga sus delgados dedos.
Tengo frío…
Un manto oscuro ha cubierto el cielo mientras diminutas lucecitas blanquecinas se reparten el techo del mundo. La luna llena ilumina la oscuridad de la noche y la figura femenina sigue allí, con el brazo extendido, la mirada fija y los labios sellados.
La canción de mi mente se detiene y la hermosa figura ha emprendido una carrera a través del denso bosque. Me ajusto la espada y comienzo la persecución. Es rápida, muy rápida. Se desplaza por el bosque como si el suelo estuviera libre de arbustos y maleza.
No es humana, no puede ser humana. Pude vislumbrar sus rasgos y eran demasiado bellos para una mujer de mi raza, además creí ver sus orejas terminadas en punta. Es elfa, la canción estaba en élfico, pero un dialecto que no conozco.
Silencio…
Ha cesado el leve crujir de las hojas secas…Se ha detenido, me observa desde algún lugar donde mis pobres ojos no alcanzan a verla. Agudizo mis sentidos, concentro mi mente y respiro lentamente…silencio…demasiada calma, demasiado silencio para un bosque, ni un roedor, ni un pájaro, nada…
Deslizo suavemente mi mano hacia la empuñadura de mi espada, pero no, demasiado larga para poder luchar entre esta espesura. Con la misma suavidad anterior mi mano se desliza buscando la daga oculta que pende de mi cinturón. La hoja rompe el silencio por el roce con la vaina.
Algo se mueve tras de mí. Puedo sentirlo. De nuevo reina un absoluto silencio…está cerca, muy cerca…Me daré la vuelta rápidamente y sorprenderé a mi atacante con un tajo fugaz.
Se rompe el silencio por el crujido de una rama seca. Estoy seguro, está tras de mí. Tengo que ser rápido y certero.
¡¡Ahora!! Giro bruscamente con los ojos bien abiertos y el puño apretado sujetando con fuerza la daga…Falsa alarma, una figura que no levanta más de veinte centímetros del suelo. Es un tejón que busca comida al resguardo de la noche.
Espera, otra vez esa sensación…Alguien me ha cogido del brazo y me ha desarmado… ¿quién es?...El tacto de su piel es suave y no aprieta con demasiada fuerza, pero me siento débil…me duele.
Ella acerca su hermosa boca a mi oído y susurra unas palabras:
- Nenlass, anma sôn nenlass.

No se qué significa, aunque no lo dice con odio. Su voz emana tristeza y un leve brillo producido por la luz de la luna me indica que lágrimas surcan su rostro, dejando marcas de dolor.
Lentamente saca el puñal de mi espalda.
- Nenlass, anma sôn nenlass.
De forma pausada me va dejando caer al suelo entre sollozos…No comprendo nada, ¿por qué mi asesino llora a su víctima?
Rebusca entre sus extraños ropajes que simulan a la naturaleza, hasta que da con lo que buscaba. Saca un pequeño papel y lo introduce en mi bolsillo…Se me está nublando la visión, su voz está cada vez más lejana.
- Nenlass, anma sôn nenlass.
La veo marcharse y desaparecer entre el oscuro bosque, secándose las lágrimas. No comprendo nada…No duele la herida, sólo quiero descansar, tengo sueño…oscuridad…silencio…ya no duele.


1 comentario:

Vampiresa dijo...

Sigo esperando la tercera parte, que esta ya me la sabía... ;)

Pero siempre es bueno releer relatos de tal calibre!

Besicos! nos vemos en breve