lunes, 22 de septiembre de 2008

Así habló Zarathustra


Del amigo

«Uno a mi alrededor es siempre demasiado» - así discurre el solitario. «Uno acaba siempre por ser dos»
"Yo" y "Mí" dialogan siempre con excesiva vehemencia: ¿cómo soportarlo de no mediar un amigo?
Para el solitario el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos llegue al fondo.
¡Ay, existen demasiadas profundidades para todos los solitarios! Por eso el eremita busca ardientemente un amigo, y ponerse a su altura. Nuestra fe en otros revela lo que desearíamos creer de nosotros mismos. Nuestro anhelo de un amigo es nuestro delator.
Y a menudo no se quiere, con el amor, más que saltar por encima de la envidia. Frecuentemente también atacamos, y nos creamos un enemigo para disimular que somos vulnerables.
«¡Sé cuanto menos mi enemigo!» - así habla el auténtico respeto, cuando no se atreve a solicitar amistad.
Quien quiera tener un amigo también debe querer hacer la guerra por él: y para hacer la guerra hay que saber ser enemigo.
En el amigo hay que honrar tambien al enemigo. ¿Podrás aproximarte mucho a tu amigo sin pasarte a su bando?
En el propio amigo debemos ver nuestro mejor enemigo. Cuando luches con él debes esforzarte por acercarte a su corazón.
¿No quieres llevar vestido alguno ante tu amigo? ¿Será honroso para tu amigo que te ofrezcas a él tal cual eres? ¡Pero por eso mismo te enviará al diablo!
Quien no se recata, indigna: existen muchas razones para temer la desnudez. ¡Sí, si fueseis dioses, podríais avergonzaros de vuestras vestiduras!
Nunca te adornarás bastante bien para tu amigo: pues debes aparecer ante él como una flecha y un anhelo hacia el Superhombre.
¿Has visto ya dormir a tu amigo, para conocer su verdadero rostro? ¿Pues qué es, por lo demás, el rostro de tu amigo? Sin duda es tu propio rostro, en un espejo imperfecto y tosco.
¿Has visto ya dormir a tu amigo? ¿No te horrorizaste de los rasgos de tu amigo? ¡Amigo mío, el hombre es algo que tiene que ser superado!
El amigo debe ser maestro en el arte de adivinar y de guardar silencio: no tienes que querer verlo todo. Tu sueño debe revelarte cuanto tu amigo hace durante la vigilia.
Un adivinar sea tu compasión: para que sepas primero si tu amigo desea ser compadecido. Tal vez él ame en ti los ojos firmes y la mirada de la eternidad.

La compasión hacia el amigo debe ocultarse tras una espesa corteza: en ella debes llegar a romper tus dientes. Así tendrá la suavidad y delicadeza que le corresponden.
¿Eres para tu amigo aire puro y soledad, y pan, y medicina? Más de uno no logra romper sus propias cadenas y es, sin embargo, un redentor para el amigo.
¿Eres esclavo? En tal caso, no puedes ser amigo. ¿Eres tirano? En tal caso, nadie puede ser amigo tuyo.
Durante demasiado tiempo se ha ocultado en la mujer un esclavo y un tirano. Por ello la mujer no es todavía capaz de amistad: sólo conoce el amor.
En el amor de la mujer hay injusticia y ceguera frente a cuanto en ella no es amor. Y aun en el amor sabio de la mujer hay agresión inesperada, y rayo y noche, al lado de la luz.
La mujer no es todavía capaz de amistad: gatas y pajarillos son todavía las mujeres. O, a lo sumo, vacas.
La mujer no es todavía capaz de amistad. Mas decidme, varones, ¿quién de vosotros es capaz de amistad?
¡Cuánta miseria y cuánta avaricia hay en vuestra alma, varones! Lo que dais al amigo, eso quiero darlo yo hasta a mi enemigo, y no por eso sería más pobre.
Existe la camaradería: ¡ojalá exista la amistad!



Así habló Zarathustra.

1 comentario:

My dijo...

he vuelto a poner esa canción de fondo.
la escucho a todas horas.. passend.
la pongo siempre mientras te escribo, mientras te leo, mientras me pierdo en ti y en tus palabras.

a veces el paso por tu isla se me hace necesario..

(sigue sonando la canción)..

un abrazo pequeño náufrago.
gracias.. sshhh..