martes, 23 de diciembre de 2008

En estos tiempos que corren...

La Balada del Héroe sin Causa

Valles, ríos y montañas
recorre espada en mano, el héroe sin causa.
Ante él, procesiones de hombres
que simulan ser hombres
y no son más que paja.
Mujeres grises, insomnes a la deriva,
dejando que la corriente
las arrastre hacia su difunto final.
Dónde están los héroes
que antaño luchaban por un ideal.
Dónde está el rugir
de la batalla contra el mal.

Mares, bosques y desiertos
recorre espada en mano, el héroe sin causa.
Sólo quedan las leyendas del pasado,
voces muertas antaño, enterradas
bajo suelos fríos de mármol.
Lágrimas que mojan recuerdos olvidados,
ancianos que relatan entusiasmados
aquellos días de inviernos quebrados.
Dónde están los héroes
sin miedo a morir de pie.
Dónde está la sangre
de aquellos valientes.





2 comentarios:

Poeta Despierto dijo...

Están ahí, tienen que estar...en cualquier parque de triunfo o en cualquier olivo científico....¿los ves?...yo ahora sí los veo.

1 abrazo tan grande como su camino..


Poeta Despierto.

My dijo...

siempre te dejo para el final..
pero te leo el primero..
no se si ya te dije.. contigo..
necesito volcarme con los cinco sentidos.

te vuelvo a leer..
te tengo aqui al lado,
ya se ha ido el miedo acobardado.

hace frío en la isla,
encendemos algún fuego?
pequeñito.. una llama pequeña..
para que no nos puedan ver.......

te dejo.. un mensaje en una botella.
lo escribió rodolfo serrano y lo recita su hijo ismael, en cada uno de sus conciertos.

me hace pensar en ti.

te abrazo my náufrago.


***Mensaje encontrado en una botella***


Hace ya siete meses, tres días y dos horas

naufragué en esta isla que no está en ningún mapa.

La primera semana lloré como un muchacho

asustado y el miedo vino a vivir conmigo.


Luego maldije a Dios los quince días siguientes.

Y me pasé tres días sin agua ni comida.

Los siguientes dos meses he añorado tu cuerpo

y soñado con el tibio roce de las sábanas.


Cada noche encendía hogueras en los montes

pendiente de que un barco pasara por delante

de esta isla maldita . Y en la playa he dejado

mensajes de socorro pidiendo que vinieras.


Arrojé cien botellas con mensajes urgentes.

Y durante tres meses aprendí que la vida

es un cangrejo, un fruto, el agua del torrente,

el sol que cada tarde pinta de rojo el agua.


Ya no siento temores. Recuerdo vagamente

que más allá del mar hay fusiles y espadas

y hombres que maldicen haber nacido un día.

Y que aquel mundo era una isla de monstruos.


Ayer me desperté cantando sin que nadie

me dijera: “Estás loco ¿A qué tanta alegría?”

Y cada tarde escribo en la arena unos versos

que borran las mareas y que de nuevo escribo.


Hoy he visto pasar un barco no muy lejos.

He apagado raudo la luz de las hogueras

y he borrado todos los mensajes de auxilio.

Afortunadamente el buque ha pasado de largo.