miércoles, 7 de julio de 2010

No quiero decir adiós

El Castigo de los Dioses

Sé que mi silencio ha sido demasiado largo,
que la distancia no era terrenal.
Sé que no merezco tus abrazos
y aun así no cejaré en reclamarlos.
Sé que mis noches arden por tu mirada,
que tu voz reverbera en las paredes de mi cárcel.
Sé que la tormenta nunca acaba
y aun así no me quejaré por empaparme.

Empujaré esta roca de castigo una y otra vez
hasta los confines elevados de la montaña,
y cuando la luz del sol bañe mi rostro,
cuando esté convencido de poder descansar
descubriré que la batalla he perdido,
tendré que volver a empezar.
Empezar encadenado a la fría piedra y al metal,
esperando la llegada del ave rapaz,
esa que arrancará algo de mí, de mi esperanza
y que jamás podré recuperar.













2 comentarios:

Edmundo dijo...

Juraría que usted y yo sufrimos la misma enfermedad.

Saludos de un desconocido... no tan desconocido... pero desconocido al fin y al cabo.

Raynix dijo...

A veces tener la sensación de parecerse a Prometeo, la conozco, lo que no sé, es la razón de que te sientas así.

Por otra parte apelo a tú pensamiento positivo y te recuerdo que nuestra aventura americana comienza dentro de poco.

Ánimo.