domingo, 11 de enero de 2009

Alguna noche


Al ámbar del candor
las sombras bailan,
saltarinas, por la arena.
El tótem de su pensamiento
gobierna la isla, orgulloso,
entre verde y palmera.

Al crepitar de las llamas,
se unen susurros en la orilla,
blanco perla la luz de la dama del cielo.
Los paisajes se insinúan
con las manos color esperanza,
sobre piedras ancladas al suelo .

Allí donde el alma viajera
naufraga con anhelo,
buscando una estación menos amarga.
Una bohemia silenciosa
cubre la casa del ermitaño,
mientras él se acaricia la barba.


Pongamos que hablo de El Náufrago...

2 comentarios:

El Náufrago dijo...

Sólo me queda guardar silencio ante la belleza y arrojar mi sombrero al suelo, pues quitarmelo sería nimio ante tal despliegue de bella sonoridad.

Un abrazo gran amigo mio, tus poemas son dulce néctar en mi pensar.

El Náufrago...

@ngelluz dijo...

Todos la llevamos como compañera, no hay que ser ermitaño para sentir que ella nos abraza y nos delata con una mirada de ingenuidad.

Me encantó leerle. Agradecida estoy por la huella dejada en mi pedacito de luna.De más está decirle que sigo sus huelas (ya me descubrió en mi silencio)

Besos dulces...